Desde 1806 se tejen y entretejen innumerables teorías de qué o quiénes son Los Danzantes de Monte Albán. Especialmente qué están haciendo. A continuación, el maestro Frank Díaz Tleoko nos lo explica fehacientemente.
Sobre un tema propuesto por RV: "aún los investigadores no nos dan una interpretación que pueda ser considerada exacta sobre estos llamados 'danzantes' "...
¿Qué haría falta para considerar "exacta" una interpretación? A menos que resuciten los constructores o que las piedras hablen, tenemos que atenernos a un margen de incertidumbre. En tal caso, todo lo que cabe es observar con atención el contexto de los relieves y sus detalles. Enseguida saltan a la vista tres temas simbólicos:
1. Los "danzantes" aparecen retorcidos, en postura que posteriormente se asimila a Nanahuatzin y Xolotl. El emblema de esta postura es el glifo de Olin, que marca la entrada al inframundo (el estado de sueño-muerte, obviamente). Se trata, pues, de una representación primitiva del nagual. Sus rostros todavía recuerdan la asociacion animal de la proyección naguálica en las imágenes olmecas.
2. Las efigies mezclan el atributo específico del sueño-muerte (los ojos cerrados) y el de la vigilia (las posturas con fuerte dinamismo). Para entender este tema, hay que recordar que dos cronistas informaron que, el trabajo del sueño era una materia básica de las escuelas mesoamericanas, a la cual se le dedicaba un libro y un tipo de maestros en particular.
3. De los ombligos de los danzantes suelen brotar estambres de mariposa, interpretables como chorros de Teoatl, "agua divina" o sangre - no en sentido literal, sino como Tleyotl, "energía vital". Cualquiera que ensueñe sabe que, con o sin influencia del arte anahuaca, la visión de esas fibras es una de las primeras y más perturbadores experiencias.
De un modo más formal, 2 mil años más tarde, encontramos estos tres elementos simbólicos en los chacmoles: un cuerpo que se yergue tanto como es posible, pero sin abandonar su posición sedente, cuyos atributos de sol-mariposa y estrella los definen como "la luz de la oscuridad"; unos miembros retorcidos (incluso la cabeza) y un recipiente umbilical llamado en nahuatl Kuau'shikalli, término que alude precisamente a los estrambres de mariposa.
Es obvio que el arte anahuaca refleja los intereses de la sociedad anahuaca, y esto se ve con particular claridad en las representaciones de los danzantes. Para entender a los danzantes hay que ensoñar.
1. Los "danzantes" aparecen retorcidos, en postura que posteriormente se asimila a Nanahuatzin y Xolotl. El emblema de esta postura es el glifo de Olin, que marca la entrada al inframundo (el estado de sueño-muerte, obviamente). Se trata, pues, de una representación primitiva del nagual. Sus rostros todavía recuerdan la asociacion animal de la proyección naguálica en las imágenes olmecas.
2. Las efigies mezclan el atributo específico del sueño-muerte (los ojos cerrados) y el de la vigilia (las posturas con fuerte dinamismo). Para entender este tema, hay que recordar que dos cronistas informaron que, el trabajo del sueño era una materia básica de las escuelas mesoamericanas, a la cual se le dedicaba un libro y un tipo de maestros en particular.
3. De los ombligos de los danzantes suelen brotar estambres de mariposa, interpretables como chorros de Teoatl, "agua divina" o sangre - no en sentido literal, sino como Tleyotl, "energía vital". Cualquiera que ensueñe sabe que, con o sin influencia del arte anahuaca, la visión de esas fibras es una de las primeras y más perturbadores experiencias.
De un modo más formal, 2 mil años más tarde, encontramos estos tres elementos simbólicos en los chacmoles: un cuerpo que se yergue tanto como es posible, pero sin abandonar su posición sedente, cuyos atributos de sol-mariposa y estrella los definen como "la luz de la oscuridad"; unos miembros retorcidos (incluso la cabeza) y un recipiente umbilical llamado en nahuatl Kuau'shikalli, término que alude precisamente a los estrambres de mariposa.
Es obvio que el arte anahuaca refleja los intereses de la sociedad anahuaca, y esto se ve con particular claridad en las representaciones de los danzantes. Para entender a los danzantes hay que ensoñar.
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