“Es la mansión de la Orden de los Tigres:
Allí rigen la guerra, dan el silbido para el combate”
“La Flor de Guerra abre la corola,
la Flor de Escudo en mí mano está:
Me alegro con las flores,
con la Flor del Tigre y con la Flor del Águila”.
“Se abrió la Flor del Tigre, donde se muestra siempre
con florida obsidiana ante el Agua Divina”.
“A nadie tan precioso, a nadie tan fuerte
hace el dador de la vida:
El Águila que va volando,
el Tigre corazón de la montaña;
ellos, empero, se someten al Deber del Trabajo”.
“A nadie tan precioso, a nadie tan fuerte
hace el dador de la vida:
El Águila que va volando,
el Tigre corazón de la montaña;
ellos, empero, se someten al Deber del Trabajo”.
Hubo más charla, más plática sumamente enriquecedora. Aquel hombre extraordinario supo distinguir a su interlocutor y el apretón de manos y el abrazo final selló el encuentro entre dos seres de la misma condición. No lo volví a ver jamás, no era necesario. Los hombres-jaguar son solitarios y conviene no andar demasiado cerca entre ellos.
(Julio Diana, febrero de 2012)
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