sábado, 2 de marzo de 2013

FILÓSOFO TOLTECA DON JUAN MATUS "Comentarios sobre el Ensueño"

Partiendo de la base de que el verdadero "Conocimiento" no es el que se adquiere a través de la razón, o del lenguaje pedagógico escolástico-materialista sobre el que funciona la ciencia occidental desde Aristóteles, sino de la experiencia directa de nuestra percepción con la esencia energética de nuestra realidad, accesible solo desde el control mental del "silencio interno", un estado perceptivo que las diversas tradiciones suelen llamar genéricamente "trance",  podemos decir que el Ensueño es, en primer lugar, la forma más "natural" de acceder a él.
Psicotrópicos,  arrebatos, mantras, actos repetitivos, rituales, hipnosis, proyección astral, y sobre todo la Meditación han sido y son los procedimientos más habituales para conseguir ese estado de "trance", cuya profundidad tiene un abanico de "grados" especialmente amplio. Pero todos ellos son más artificiales y forzados que el Ensueño. Todos suponen una disciplina y esfuerzo de voluntad tan arduo como antinatural. Mirémoslo de esta forma: el Espíritu se multiplicó en las miríadas de criaturas del universo para vivir la experiencia de la conciencia desde todas las ópticas posibles. Pero hubiera sido una crueldad sin sentido impedirnos categóricamente recordar nuestra verdadera identidad. A través de los sueños se aseguraba una oportunidad infatigable de retomar el contacto con la fuente. Sin la parafernalia tendenciosa, manipulable, egoica, mental, técnica de los métodos para el trance ideados por la ansiedad humana. Lo irónico del caso es, pues, que siempre hemos tenido el Conocimiento "a mano". Todas las noches. De la manera más "natural". Nuestro destino siempre ha sido crecer espiritualmente, sin esfuerzo ninguno, por el simple hecho de nacer, moverse, cansarse, dormir. Ha sido nuestra inesperada estupidez la que ha torcido las cosas endiabladamente, convirtiendo un don sencillo en un oscuro patrimonio de iniciados, brujos y super-hombres.

En consecuencia con lo anterior, de la misma forma es cierto que el Ensueño es la manera más "democrática" de acceso al Conocimiento. Como todo el mundo duerme, y sueña, no hay ni puede haber discriminación ninguna en los sujetos con acceso al trance. Ricos y pobres, tontos y listos, grandes y pequeños, cultos o analfabetos, incluso sanos y enfermos: si estás vivo, duermes; y si duermes, sueñas; y si sueñas es solo cuestión de conciencia convertir tus sueños en experiencias de Conocimiento. Ocurre, incluso, que personas aparentemente más marginadas del conocimiento racional, como pueden ser los parias, enfermos, indígenas, e incluso enfermos mentales, disfruten del verdadero Conocimiento del Ensueño con mucha más facilidad que los pudientes intelectuales de las jerarquías religiosas. Con lo cual, el Ensueño no solo resulta democrático sino incluso socialista, en el sentido más ético, más evangélico del término.

No sólo es la forma más "natural" y más "democrática" del trance, sino que también es la forma más "segura". En su doble sentido de "inocuidad" y de "garantía". Inocuo, porque nadie se muere por soñar. Al contrario: es medicinal. Soñar equilibra los procesos cerebrales, endocrinos, energéticos del cuerpo físico. Cualquier otra técnica de trance, exceptuando la Meditación, tiene probados peligros, al menos para la estabilidad mental. Como no son procedimientos "naturales" pueden ocasionar, cuando menos, obsesiones.
Soñar no tiene ningún peligro. Hasta de la más espantosa pesadilla se despierta uno. Como en la hipnosis, o
con mucha más propiedad, la mente tiene ancestrales mecanismos de defensa que impiden que nuestra integridad sufra ningún daño en nuestros episodios de vida onírica. Y "garantizado", porque siempre soñamos. Siempre. Es solo la falta de la más elemental costumbre o interés lo que hace que no nos acordemos. Mucha gente se duerme tan intoxicada por el alcohol o las drogas que se despiertan demasiado abotargados para acordarse de nada. Pero eso no significa que no sueñen. Si han alcanzado una fase REM, por muy breve que fuese, han soñado seguro. No podemos decir lo mismo de otras técnicas. Ni incluso de la Meditación.
Podemos sentarnos montones de veces a meditar sin llegar a tener la más mínima experiencia de "trance". Lo cual, por cierto, desanima a muchos. Pero la experiencia de los sueños está garantizada. El cuerpo de ensueño viajará todas las noches por los mundos de ensueño. Seguro. Es solo cuestión de educación que nos demos cuenta de ello y aprovechemos su potencial de Conocimiento.

¡Qué triste alarde de ignorancia exhiben los que se quejan de perder un tercio de sus vidas durmiendo! Al contrario, no hay tiempo mejor invertido. Y cualquier buscador espiritual que se precie debería luchar por prolongar lo máximo posible sus horas de sueño. Ya lo avisa el Evangelio: "Lo que el hombre aprecia, Dios lo desprecia; y viceversa". ¡Qué falta de respeto es en realidad echar pestes sobre esas horas de auténtico encuentro místico: nuestros momentos más realmente "sagrados"! Recuperar el sentido del Ensueño es volver a impregnar de sentido a ese tercio de nuestras vidas. Pues, créame, querido lector, a la hora de ingresar en los dominios de la Muerte, va a tener mucho más valor lo que hemos hecho en nuestro sueños que todas las obras y éxitos y ganancias de nuestra vida de vigilia. Morir es soñar. Es continuar con nuestros sueños. Así que, desde la óptica de los que han muerto, la verdadera pérdida de tiempo habrán sido nuestros absurdos y obsesivos afanes de la vida de vigilia. Solo a través de los sueños podremos entonces tender puentes para intentar el contacto con nuestros seres queridos (si es que es eso lo que desearemos entonces hacer, que no suele ser el caso), así que fácilmente nos parecerá aberrante entonces el desinterés de los vivos por tan única y privilegiada oportunidad.

El re-descubrimiento del Ensueño como procedimiento para la experiencia del trance tiene una repercusión de extrema importancia en la estructura de las ciencias psicológicas, y ésta es que desbanca completamente el concepto de "interpretaciones simbólicas" con que desde el Psicoanálisis, y alcanzando cotas delirantes de subjetivismo y propósito comercial, se ha venido abordando la fenomenología de los sueños, al menos desde la vertiente esotérica, o de la literatura de "auto-superación". No es de extrañar que la ciencia médica rechace tan de plano estas orientaciones. Los innumerables tratados al uso que se han venido sucediendo durante prácticamente un siglo en las estanterías de las librerías constituyen un verdadero abuso, si no claramente una estafa. Y no se puede culpar a Freud. Pues él intuyó muy válidamente el potencial psicológico de los sueños, tanto terapéutica como ideológicamente; y basta el revolucionario acierto de ser el primero en relacionar formalmente la vida onírica con la energía sexual (libido) para justificar todo el resto de sus aventuradas teorizaciones. Fueron sus seguidores quienes exageraron el papel simbólico de los contenidos oníricos para generar ese sub-género del oscurantismo psicológico que son los "diccionarios" de
interpretación de los sueños. En absoluto. Los sueños no "significan" nada. Los sueños son experiencias reales de nuestro cuerpo energético (astral, alma, cuerpo de ensueño...) en el mundo real de los sueños.
Encontrarse con una escalera en un sueño tiene la misma significación que encontrársela en la vida real, ni más ni menos. Bien es cierto que, en cierto grado, la calidad psicológica de nuestra vida de vigilia determina el cariz de nuestros sueños, el tipo de escenarios, emociones y objetos involucrados. Pero igual pasa con nuestra vida real, por simple "ley de atracción". La simbología de nuestros sueños es algo, pues, tan subjetivo y secundario que no pasa de tener carácter anecdótico. No es en absoluto lo esencial. Lo esencial es comprender, aceptar, asumir, que tenemos una vida paralela auténtica en esa fase de nuestras vidas en que estamos soñando, y actuar en consecuencia.

Naturalmente, parece también sumamente difícil aceptar que tenemos una existencia paralela. Parece más "racional" limitar la vida onírica a unas construcciones de nuestra imaginación regidas por complejos mecanismos de reparación psicológica. Y no negamos que esta cuestión es quizás la piedra de base de toda la concepción de los sueños encerrada en las enseñanzas toltecas y la práctica de los Sueños Lúcidos. A este respecto, remitimos al lector a los Recuentos previos sobre Física y Conocimiento, y Teoría de las Dimensiones, para hacerle comprender la posibilidad metafísica de la existencia real de otros mundos paralelos. Hoy día, hasta los premios Nobel de Física contemplan sin tapujos esta plausibilidad. Pero nos remitimos también a las teorizaciones de LaBerge en sus obras sobre Sueños Lúcidos para demostrar que, incluso desde una perspectiva materislista, académica, no ocultista, es lícito pensar en términos de mundos paralelos, pues la "mente" humana es algo demasiado amplio y difícil de definir, incluso si insistimos a confinarla en el órgano del cerebro. Don Juan insistía en que "todo está en el cuerpo", desde las percepciones más racionales a las más inconcebibles y estrambóticas. Nuevamente, habría que definir qué es exactamente el cuerpo humano, cuál es su verdadera naturaleza, dónde empieza y dónde acaba cada una de sus instancias.

Las tradiciones ocultistas, de hecho, definen a la mente como un "mundo" en sí mismo: el mundo mental: un plano más en el gradiente del desarrollo humano. Personalmente, tendemos a pensar que el mundo de los sueños es realmente un mundo aparte, quizás compuesto de materia exótica o neutrinos, interpenetrado con el material, porque ésa es la conclusión lógica de nuestra experiencia como "proyectores astrales": percibimos nuestra conciencia "saliendo" de nuestro cuerpo físico, tumbado en la cama, controlando un cuerpo sutil que adopta diversas formas, para vivir experiencias reales en un mundo intenso y luminoso que se parece al mundo material lo suficiente como para merecer el calificativo de "paralelo". Pero podría ser que todo ello ocurriera al fin y al cabo en el "plano mental", quién sabe, y que nuestra conciencia esté confinada a una reducida porción de vaya usted a saber qué concepto del espacio-tiempo. Sea como sea, lo que de ningún modo es aceptable es la visión mecanicista de divulgadores como Punset. El cerebro es una parte admirable pero meramente instrumental, funcional, del inabarcable misterio de la mente.

Aunque existe una notable diferencia entre nuestro mundo físico y el mundo de los sueños, una diferencia que invalida la justeza de calificar a éste último como un "mundo paralelo". El mundo de los sueños es un mundo de prodigios y milagros, de intensidad sin igual, que amplía sin límites nuestro poder, perspectivas y consecución de deseos. Podemos volar, transformarnos a voluntad, elegir los destinos instantáneos de nuestros viajes, convocar a seres queridos o maestros espirituales, realizar todo tipo de propósitos íntimos. También puede ser un mundo de pesadillas si no acertamos a enfocar adecuadamente nuestros objetivos. Y es cierto que cuesta un tiempo darse cuenta cabal de las potencialidades a las que tenemos acceso. Pero esos "poderes" están ahí, ciertamente. Podemos disfrutarlos. Es lo normal. Y una de las experiencias más gratificantes que todos los practicantes de los Sueños Lúcidos reportan al principio es la inolvidable experiencia de volar. ¡Podemos volar! Con plena conciencia. Sin diferencia ninguna, a nivel de memoria, con el hecho de haber vivido la experiencia en el plano físico. Podemos atravesar paredes, respirar bajo el agua, mover objetos con la mente, leer el pensamiento. (También hay ciertas imposibilidades extrañas, como encender la luz; el mundo es misterioso hasta en sus detalles más triviales).

El mundo de los sueños tiene sus reglas, y nadie sabe por qué. Pero eso no impide ni un ápice el disfrute de todas sus milagrosas potencialidades. Hasta la axiología es distinta. Cosas que en el mundo físico están "prohibidas", no por imposibilidad física sino por leyes sociales, pueden ser realizadas sin ninguna cortapisa. Hablamos por ejemplo de ciertas fantasías sexuales. Incluso de ciertas acciones violentas. Agresiones, riesgos o hedonismos que serían castigados en vigilia parecen no tener consecuencias aquí. Y sin embargo, otras cosas que no nos comprometen en absoluto en nuestra vida de vigilia, como hacer una promesa o verbalizar un deseo, sí generan severas y seguras consecuencias en el plano astral. ¿Por qué? Suponemos que la explicación se pierde en los ancestrales inicios del lenguaje, cuando cada palabra, cada fonema tenía una repercusión mágica. Ahora todo lenguaje está desvirtuado; pero hubo un momento en que el ser humano pudo comprobar que podía "fijar" la realidad perceptiva gracias a la conceptualización lingüística.
Aquello tuvo que ser realmente mágico para una estirpe que siempre había lidiado con el mundo desde el silencio, el instinto, el conocimiento directo.

Por supuesto, en todo esto hay involucrado un tema de fondo, harto importante, que es nuestra realización espiritual. La gente cree que estamos aquí para tener hijos y ganar dinero. Pero aprender a "ensoñar" y darse cuenta de que el sentido de la vida es el desarrollo de nuestra conciencia es una y la misma cosa. Y entonces, claro está, cada cual tiene que tomar la decisión que más se ajuste a su naturaleza personal. Si el hedonismo y el beneficio inmediato es su meta máxima en la vida, el Ensueño le satisfacerá por un tiempo, pero luego abandonará. Le remorderá la conciencia estar planteando como un juego una oportunidad tan única y profunda de desarrollo personal. Es como una falta de respeto. Tiene usted en su mano hacer de su vida un auténtico proyecto espiritual y realizarse personalmente al nivel más profundo imaginable.
Herramientas que en el plano físico están al alcance de unos pocos iluminados están aquí a su entera disposición. Es más: como ambos mundos están interconectados de manera misteriosa pero inextricable, poco a poco irá comprobando el efecto que sus acciones y actitudes tienen, a corto o largo plazo, sobre sus condiciones concretas en el plano físico. Lo cual le obligará a asumir sus responsabilidades. El mundo, la deplorable miseria de la humanidad indefensa, necesita de la labor energética de las almas conscientes en un sentido claramente positivo. Su egoísmo en los sueños puede llegar a dañar a los seres humanos, por caminos kármicos impredecibles, de manera muy concreta en la vida cotidiana. Lo más inteligente (y en el fondo lo más gozoso), pues, ya que se le abren las puertas a un Conocimiento verdadero y esencial, es aprovechar la oportunidad para crecer interiormente y dar lo máximo de sí mismo, dentro de sus limitaciones.

Todos tenemos limitaciones. Pero otra de las ventajas del Ensueño es la posibilidad incomparable de profundizar en los obstáculos psicológicos o materiales que dificultan nuestro desarrollo físico para emitir un diagnóstico mucho más completo y diseñar un plan terapéutico sin precedentes que remueva cualquiera de nuestros defectos. Esto es viable porque, si bien normalmente no podemos percibir el mundo astral desde el plano físico, sí llega un momento en que, desde el plano astral, no solo podemos experimentar otros mundos sino que también podemos ser testigos de los procesos y aconteceres de nuestra vida de vigilia, como un fantasma que espía en la sombra o detrás de un cristal. Hay diversas formas de conseguirlo. Otra es consultando a los maestros espirituales. Otra es observando el cariz de las circunstancias de nuestro mundo paralelo, pues de alguna forma éstas nos dirán cómo es en esencia nuestro espíritu y valores. El hecho es que nos podremos llegar a conocer mucho más profundamente que a través de cualquier análisis psicológico, físico, material. "Veremos" la esencia de nuestros complejos, deseos, traumas, sin ningún género de dudas, y podremos actuar en consecuencia. Ésta es una de las ventajas más indiscutibles de la práctica de los Sueños Lúcidos: nuestra personalidad física mejora, se cura, se supera. Día a día. Objetivamente.

No existe la mentira en el Ensueño. Éste es otro de los misterios con imbricaciones más epistemológicas. ¿Qué es una "mentira"? Habría que bucear muy hondo en la Filosofía de la Intencionalidad para comprender el punto de vista de los videntes. Pues sólo en el mundo físico, donde razón y lenguaje imperan a la par indistinguiblemente, puede tener sentido ocultar intencionadamente la verdad. Tal "intento" es inconcebible en el mundo de las esencias energéticas. Y si usted pregunta cualquier cosa a un ser espiritual, a un habitante del mundo de los sueños, siempre le dirá la verdad. No pueden mentir. Lo cual tiene sus sorprendentes consecuencias, como podrá comprobar. Se quedará perplejo al comparar esa característica con la aberrante naturalidad (mejor diríamos cinismo) con que aceptamos la mentira en nuestro mundo físico. Convivimos con ella como si fuera normal salir a la calle con un abrigo hecho de vísceras sangrantes. Miramos hacia otro lado, y a base de ignorarlo fingimos que no pasa nada. Pero sí que pasa, sí. El mundo de los sueños nos devuelve a la sinceridad.

No es una "realidad virtual", cuidado. No es un producto de la imaginación, como una película proyectada en alguna pantalla mental. Eso es lo que los "enemigos del hombre", seres inorgánicos o mafias esotérico-comerciales, quisieran hacernos creer. ¿Para qué "ensoñar"?, nos insisten: basta con conectar la Play Station, o currarse el Second Life o jugar Diablo I, II y III, como un idiota enajenado. Llegará un momento en que las plataformas Wii simularán escenarios tridimensionales esféricos. Pero seguirá sin ser un verdadero Ensueño. El Ensueño es una experiencia "real", total, ontológicamente verdadera. Percibimos con todos nuestros sentidos. Todo nuestro cuerpo (astral) está involucrado. Sin conexiones, sin cables, sin cuotas. Claro: eso es lo que no le interesa a esas fuerzas oscuras. El Conocimiento da libertad, y ellos quieren esclavos.

La continuidad espacio-temporal se flexibiliza en el Ensueño. Otro gran milagro. Ya no estamos en un espacio-tiempo lineal, fijo, invariable. No. En los Sueños Lúcidos llega un momento en que podemos acceder al pasado y al futuro, hacer regresiones, intercambiar historias personales, visionar profecías. Podemos acceder a la "memoria del mundo": una inolvidable experiencia que el ocultismo llama "acceder a los Registros Akásicos". Podemos viajar a cualquier lugar del espacio, sin límites. El cuerpo enegético viaja más rápido que la luz. Como explicábamos en los Recuentos cosmológicos, hay una cualidad de "entrelazamiento cuántico" entre todas las partículas del Universo que lo convierte en una entidad holográfica, interconectada de manera instantánea. Pero es por eso por lo que el disfrute de los prodigios del Ensueño está necesariamente ligado a un crecimiento místico: para hacer semejantes viajes espaciales, que son definitivamente posibles, hay que comprender que "la conciencia es Una", y que "cualquier instante es una eternidad". Y éstas no son cosas que se comprenden con solo decirlas. Para que se conviertan en vivencias operativas uno tiene antes que hacer un largo camino, como persona y como ensoñador, pero sobre todo como "buscador del Conocimiento".

Lo que sí podemos decir nosotros es que esta búsqueda "merece la pena". La vida más ostentosa, exitosa y gloriosa imaginable en el mundo físico palidece en comparación con la "intensidad" sensorial y espiritual de las experiencias del Ensueño. Es mucho más que vivir otra vida. Como el tiempo es flexible, son muchas las vidas que podemos llegar a vivir. Se dice pronto. Pero es así.

Finalmente, pues, lo que verdaderamente causa asombro, pavor, un silencioso sentimiento de terror paranoico, es preguntarse qué es lo que ha llevado al ser humano a borrar tan radicalmente de su memoria, de sus expectativas, de su educación, una herramienta tan inigualable de plenitud y felicidad. ¿Qué es lo que ha pasado? ¿Por qué? ¿Quién tiene la culpa? Y ¿por qué ahora se abren las puertas? Hay algo que se nos escapa. Pues aunque la televisión y los entornos virtuales luchan en contra, basta una sola experiencia de ensueño verdadero para convencer al más materialista, al más colgado del ordenador, de que ahí está el camino, ahí están las respuestas. ¿Cómo es que unos "demonios" tan crueles y efectivos como para privar durante milenios al hombre de su identidad permiten ahora semejante escapatoria? ¿Es otra trampa? ¿O es realmente una "nueva era", gracias a la victoria energética, invisible pero irreversible, de la Magia Blanca o de la "masa crítica" de unas generaciones con "conciencia"? Ojalá fuera esto último. Pero ¿cómo confirmarlo? Precisamente lo grande de todo esto es que la respuesta está en el Ensueño. El camino al Conocimiento ha abierto de nuevo sus puertas. Exprimamos la oportunidad, antes de que otra vez se cierren.

2 comentarios:

  1. Gracias... impecable del pricipio al final.
    Silvia

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  2. Recién veo tu comentario, Silvia. Lo siento por la tardanza, pero te agradezco tu apreciación. Saludos.

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