jueves, 28 de febrero de 2013

FILÓSOFO TOLTECA DON JUAN MATUS "El Silencio Interno"

EL SILENCIO INTERNO

La clave de todo está en parar el diálogo interno. (RDP) 

Parar el diálogo interno es la técnica más importante que el aprendiz puede aprender. (RDP)

El modo más eficaz (la única manera) de parar el diálogo interno es practicando la "forma correcta de andar": caminar largos trechos sin enfocar, mirando un punto justamente arriba del horizonte. (RDP)

El diálogo interno es lo que mantiene fijo el punto de encaje en su posición habitual, así que parar el diálogo interno es la clave de la videncia. (EFI)

Para parar el diálogo interno lo primero que un guerrero hace es escuchar los sonidos del mundo. Los sonidos tienen agujeros, lo mismo que todo cuanto nos rodea. Los seres de la naturaleza nos pueden dar mensajes increíbles (a través de sus agujeros) si tenemos suficiente velocidad para captarlos, y si estamos en buenas relaciones con ellos. (URA)

Una vez que sabes cómo parar el mundo te das cuenta de que hay razón para hacerlo. (VAI)

Para acelerar el cese del diálogo interno hay dos técnicas fundamentales: borrar la historia personal, y ensoñar. (RDP)

Aprender a actuar solo por actuar, sin esperar recompensa, también ayuda a parar el diálogo interno. (RDP)

Una vez que se logra el silencio, todo es posible. (EFI)

El diálogo interno termina de la misma forma como empieza: mediante un acto de voluntad. Después de todo, son nuestros maestros quienes nos obligan a dialogar con nosotros mismos (se refiere a nuestros educadores sociales). Conforme nos enseñan, al usar ellos su voluntad, nosotros aprendemos a usar la nuestra, ambos sin saberlo. El diálogo interno, pues, se para decretándolo con la fuerza de nuestra voluntad, creando así un nuevo intento, un nuevo comando, que después se convertirá en el comando del Águila. (EFI)

Una vez que los guerreros han entrado en un estado de silencio interior al detener su diálogo interno, les rige el oído más que la vista. (EFI)

Tienes que cerrar tu diálogo interno, y dejar que algo en tí fluya y se expanda. (RDP)

El "diálogo de guerrero", que sostiene el aprendiz con otros videntes o guerreros, le da solidez a las nuevas posiciones del punto de encaje. (EFI)

Si quieres mover el punto de encaje ten en cuenta en primer lugar a nuestro enemigo y amigo a la vez, nuestro diálogo interno; haz tu inventario y después deshazte de él. Los nuevos videntes hacen inventarios precisos y después se ríen de ellos. Sin el inventario, el punto de encaje se libera. (EFI)

Los antiguos videntes solían decir que si los guerreros iban a tener un diálogo interno, debían sostener el diálogo apropiado. Para los antiguos videntes eso significaba un diálogo acerca de la brujería y del engrandecimiento de la importancia personal. Para los nuevos videntes no significa diálogo, sino el manejo desinteresado del intento, a través de comandos cuerdos. El manejo del intento empieza con un comando dado a uno mismo; el comando se repite hasta que se convierte en el comando del Águila, y luego, el punto de encaje se mueve en cuanto los guerreros alcanzan el silencio interno. (EFI)

El único modo de pensar con claridad es no pensar en absoluto. (ECS)

Don Juan me pidió que relajara los músculos, que parara mi diálogo interno, y que, bajo el hechizo del silencio interno dejara desplazarse mi punto de encaje. Me instó a darme yo mismo firmes palmadas en el lado derecho, entre la cadera y las costillas. (EFI)

Don Juan definía el “silencio interior” como un estado natural de la percepción humana en el que los pensamientos quedan bloqueados y nuestras facultades funcionan con un nivel de conciencia que no exige la utilización del sistema cognitivo cotidiano. (PM)

Según Don Juan, la percepción humana que funciona en las condiciones del silencio interior puede alcanzar niveles indescriptibles. Algunos de estos niveles de percepción son universos en sí mismos y no se parecen en nada a los mundos que se accede a través del ensueño. (PM)

El silencio interno es la matriz de un espectacular paso evolutivo: el “conocimiento silencioso”, es decir, el nivel de la conciencia humana donde el conocimiento es espontáneo e instantáneo. (PM)

Don juan transmitió la línea dura de su linaje: el silencio interior se alcanza mediante la presión constante de la disciplina. Debe acumularse o almacenarse poco a poco, segundo a segundo. Dicho de otra manera, tenemos que obligarnos a ahorrar silencio, aunque solo sea durante unos instantes. Según Don Juan, los chamanes sabían que, si uno persiste, la insistencia vence al hábito y de este modo es posible alcanzar el umbral de segundos o minutos acumulados, umbral que difiere de una persona a otra. Por ejemplo, si el umbral de silencio interno de una persona es de diez minutos, una vez alcanzado el silencio interior se produce espontáneamente, por decirlo de alguna manera, por decisión propia. (PM)

Los procedimientos de los antiguos chamanes para llegar a ese codiciado estado de "silencio interno" incluían actos sumamente estrafalarios, como colgarse boca abajo y otros no-haceres, que aparentemente no tenían nada que ver con el silencio interno; pero su propósito era producir una "sacudida" que afectara a los cimientos mismos de su persona: una experiencia que ellos llamaban "parar el mundo", el momento en que todo lo que nos rodea deja de ser lo que siempre ha sido. (LAI)

Don Juan sostenía categóricamente que el silencio interno se amontonaba, se acumulaba. Decía que cada individuo tenía un umbral diferente en cuanto al tiempo, es decir, que el silencio interno debe ser mantenido por cada uno de nosotros durante el período de tiempo de nuestro umbral específico antes de que funcione. (LAI)

"Parar el mundo" no es nada parecido a una "crisis mental". Es el momento en que la continuidad de la vida del guerrero se rompe para que se establezca el silencio interno y se haga parte activa de sus estructuras. (LAI)

Don Juan decía que los videntes de su linaje consideraban que uno de los resultados más codiciados del silencio interno es una interacción específica de energía que siempre se anuncia con una profunda emoción. Una interacción que se manifiesta a través de matices que se proyectan en el horizonte del mundo de la vida cotidiana, sea una montaña, el cielo, una muralla o la palma de la mano. Empieza con la apariencia de una ténue pincelada de color lavanda, sobre ese horizonte. Luego se expande hasta que cubre todo el horizonte visible, como las nubes de una tormenta que avanza. Entonces se ve un punto rojizo, de un peculiar y rico color granate, como si hiciera explosión dentro de las nubes color lavanda. Conforme el vidente adquiere mayor disciplina y experiencia, finalmente el punto color granate estalla en pensamientos o visiones, o en el caso de un hombre de letras, en palabras escritas. Es un ataque violento porque se siente como si el poder invadiera tus facultades. Por eso es un trabajo arduo ajustar la velocidad de esas visiones. Pero, sea como sea, a partir de entonces, la energía se aparece delante de ti, como si estuviera proyectada en una pantalla de cine. Te conviertes en un "lector del infinito". (LAI)

Nunca vas a saber cómo llegamos desde esa casa hasta aquí, porque hay una ruptura en la continuidad del tiempo. Eso es lo que hace el "silencio interno". (LAI)

Como en cualquier mística, el silencio mental es la piedra angular del conocimiento. La conciencia misma es una forma de silencio. Hemos visto que la realidad, la ilusión de la materialidad, está sostenida por la razón y el lenguaje, así que es imperativo interrumpirlos para desencadenar el derrumbe iluminador del muro perceptivo que nos rodea y nos aprisiona. Todas las técnicas de meditación y concentración, incluidos los no-haceres perceptivos, son derivaciones o parafernalias de ese único objetivo: detener el pensamiento. Y hay que decir que todas se quedan cortas, pues no existe hazaña más titánica que mantenerse, no ya constantemente, sino tan solo un corto período de tiempo, en un verdadero "silencio interno". Llama la atención, de todas formas, la resolución con que los toltecas identifican al enemigo: el "diálogo interno". No lo llaman pensamiento, ni razón, ni discurso, ni imaginación. Ni siquiera monólogo. Lo llaman "diálogo interno" (aunque parecería más justo llamarlo "verborrea interna"). Esto da idea de la esencia esquizoide y desintegrada de nuestro mundo mental. A nivel práctico, para lograr este propósito, y aparte de las técnicas generales de “ensoñar” y de “borrar la historia personal”, Don Juan prescribe dos "no-haceres" en especial: la “forma correcta de andar” (que básicamente consiste en caminar sin nada en las manos y con la mirada fija, y ligeramente desenfocada, en un punto directamente enfrente y justo debajo del horizonte) y “escuchar los sonidos del mundo”, que es una suerte de meditación concentrada en el mundo auditivo.
Llega a resultar extraño, no obstante, que tanto la palabra como el concepto de "Meditación" estén tan ausentes en la obra de Castaneda, salvo en el LAI en el cual Don Juan le recuerda una postura de meditación, ayudada con un madero para apoyar la barbilla. 

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