El logro más grande de un guerrero en la primera atención es acechar. En la segunda, ensoñar. (EDA)
El acecho es realmente una técnica nueva, descubierta casi por casualidad: los nuevos videntes descubrieron que cuando un guerrero se comporta de manera no acostumbrada de forma sistemática y continua, su punto de encaje se empieza a mover lenta y armoniosamente. (EFI)
El arte del acecho tiene que ver con la fijación del punto de encaje. A través de la práctica, los brujos antiguos descubrieron que, así como es importante desplazar el punto de encaje, es aún de mayor importancia hacer que se quede fijo en su nueva posición, cualquiera que ésta fuere. Si el punto de encaje no se logra estabilizar, no hay forma posible de que podamos percibir coherentemente. Por eso, el arte del ensueño y el del acecho no pueden existir el uno sin el otro especialmente en la clase de actividades en las cuales los brujos antiguos estaban envueltos. (ADE)
Cuando el cuerpo energético se mueve por sus propios medios, los brujos asumen que una posición óptima del punto de encaje ha sido alcanzada. El siguiente paso es acecharlo, esto es, mantener fijo el punto de encaje en esa posición, para de ese modo completar el cuerpo energético. El procedimiento es de una extraña simpleza: uno intenta acecharlo y lo acecha. (ADE)
Aunque el término es inconveniente, el nombre resulta apropiado, porque "acechar" implica un específico tipo de conducta con la gente, un comportamiento que podría clasificarse como clandestino o furtivo. (EFI)
Acechar pertenece exclusivamente a los nuevos videntes. Ellos son los que tuvieron que tratar con la gente. Los otros estaban tan absortos en su sentido del poder que ni siquiera sabían que existía la gente, hasta que la gente les cayó encima y los exterminó. (EFI)
El acecho es el control sistemático de la conducta; es simplemente el comportamiento del guerrero para con la gente. (EFI)
Si se practica la conducta desacostumbrada de manera sistemática e inteligente, a la larga esta práctica fuerza al punto de encaje a moverse. (ECS)
El acecho es una estrategia que se apoya en seis elementos: los cinco atributos del ser guerrero, y el "pinche tirano". Los cinco atributos del guerrero son:
El acecho es realmente una técnica nueva, descubierta casi por casualidad: los nuevos videntes descubrieron que cuando un guerrero se comporta de manera no acostumbrada de forma sistemática y continua, su punto de encaje se empieza a mover lenta y armoniosamente. (EFI)
El arte del acecho tiene que ver con la fijación del punto de encaje. A través de la práctica, los brujos antiguos descubrieron que, así como es importante desplazar el punto de encaje, es aún de mayor importancia hacer que se quede fijo en su nueva posición, cualquiera que ésta fuere. Si el punto de encaje no se logra estabilizar, no hay forma posible de que podamos percibir coherentemente. Por eso, el arte del ensueño y el del acecho no pueden existir el uno sin el otro especialmente en la clase de actividades en las cuales los brujos antiguos estaban envueltos. (ADE)
Cuando el cuerpo energético se mueve por sus propios medios, los brujos asumen que una posición óptima del punto de encaje ha sido alcanzada. El siguiente paso es acecharlo, esto es, mantener fijo el punto de encaje en esa posición, para de ese modo completar el cuerpo energético. El procedimiento es de una extraña simpleza: uno intenta acecharlo y lo acecha. (ADE)
Aunque el término es inconveniente, el nombre resulta apropiado, porque "acechar" implica un específico tipo de conducta con la gente, un comportamiento que podría clasificarse como clandestino o furtivo. (EFI)
Acechar pertenece exclusivamente a los nuevos videntes. Ellos son los que tuvieron que tratar con la gente. Los otros estaban tan absortos en su sentido del poder que ni siquiera sabían que existía la gente, hasta que la gente les cayó encima y los exterminó. (EFI)
El acecho es el control sistemático de la conducta; es simplemente el comportamiento del guerrero para con la gente. (EFI)
Si se practica la conducta desacostumbrada de manera sistemática e inteligente, a la larga esta práctica fuerza al punto de encaje a moverse. (ECS)
El acecho es una estrategia que se apoya en seis elementos: los cinco atributos del ser guerrero, y el "pinche tirano". Los cinco atributos del guerrero son:
1. control: afinar el espíritu cuando alguien te pisotea.
2. disciplina: reunir toda la información posible acerca del pinche tirano que te oprime.
3. refrenamiento: retener con el espíritu algo que el guerrero sabe que en justicia debe cumplirse.
4. habilidad de escoger el momento oportuno: ésta es la "compuerta del dique".
5. intento: que se deja para la última confrontación, ya que el intento pertenece a la esfera de lo desconocido.
El pinche tirano es el elemento externo, imponderable, quizás el más importante. El pinche tirano es un torturador; alguien que tiene el poder de acabar con los guerreros, o simplemente de hacerles la vida imposible. (EFI)
Los siete principios del arte del acecho son:
1. Los guerreros eligen su campo de batalla.
2. Eliminar todo lo innecesario.
3. Estar dispuesto y listo para entrar en la "última batalla", al momento y en cualquier lugar.
4. Un momento de descanso, de abandono.
5. Un retiro momentáneo: ocuparse de cualquier otra cosa.
6. Comprimir el tiempo, no desperdiciar ni un instante.
7. Un acechador jamás deja ver su juego, jamás se pone al frente de nada. (EDA)
Los guerreros aplican los siete principios del acecho para cualquier cosa que hacen. De esta forma consiguen tres resultados capitales: aprender a no tomarse en serio, a tener una paciencia sin fin, y a improvisar infinitamente. (EDA)
Un acechador no se coloca nunca en primera fila. Está siempre observando desde detrás de la escena. (EDA)
Los acechadores son innatamente distintos a los ensoñadores en la manera como utilizan el mundo. (EDA)
En la brujería, el acecho es el principio de todo. Primero hay que aprender a acechar, luego a intentar, y solo entonces pueden mover los brujos su punto de encaje a voluntad. Acecho e intento son el orgullo, lo mejor de los brujos de todas las épocas. (ECS)
Las cuatro disposiciones del acecho son: ser despiadado, astuto, paciente y simpático. (ECS)
Ser despiadado, astuto, paciente y simpático es la quintaesencia del acecho. Son los cuatro fundamentos básicos que, con todas sus ramificaciones, son inculcados a los brujos de un modo muy meticuloso y cauto. (ECS)
El principio primerísimo del acecho es que un guerrero se acecha a sí mismo, y lo hace despiadadamente, con astucia, paciencia y simpatía. (ECS)
Un acechador impecable lo convierte todo en presa. (SAP)
Has de acechar tus propias debilidades: descifrar tus costumbres hasta conocer todas las consecuencias de tu debilidad, para abalanzarte entonces sobre ellas y cogerlas como a conejos en una jaula. (SAP)
Lo importante para ser un acechador impecable es tener un propósito; y ese propósito es entrar en el otro mundo. (SAP)
Los nuevos videntes decidieron que había que enseñar al nagual (no a los aprendices) los principios del acecho en conciencia acrecentada, para que supiera actuar luego con rapidez, sin el estorbo de la razón. (EFI)
Las prácticas del acecho no son algo que uno pueda disfrutar abiertamente; son en verdad prácticas censurables, hasta ofensivas. Los nuevos videntes se dieron cuenta muy rápido de que no es recomendable discutir o practicar los principios del acecho en la conciencia normal. (EFI)
Con el tiempo, los nuevos videntes comprobaron que el acecho no era tan conveniente, pues era muy difícil encontrar pinches tiranos; y aunque los hallaran, el movimiento del punto de encaje era mínimo. (EFI)
El método de enseñanza de los acechadores no fomenta la comprensión sino la visión total: no entiendes lo que haces, pero te das perfecta cuenta de lo que estás haciendo. (EFI)
El arte del acecho es aprender todas las singularidades de tu disfraz. Y aprenderlas tan bien que nadie pueda descubrir que estás disfrazado. (ECS)
El nagual Julián creía que las mujeres eran acechadoras innatas. Y, convencido de ello, sostenía que solo en ropas de mujer podía un hombre aprender el arte del acecho. (ECS)
Los brujos, como acechadores que son, comprenden a la perfección la conducta humana. (ECS)
Los acechadores le dan mucha importancia a las palabras y su sonido. Las utilizan para llamar al espíritu (de forma velada). (ECS)
Los disfraces crean apariencias que la vista nota consciente o inconscientemente. Por tanto, los acechadores crean la apariencia intentándola. En vez de basarse en los disfraces, las apariencias se solicitan al espíritu o se las llama a la fuerza, pero nunca se las inventa racionalmente. (ECS)
El nagual enseñó a los aprendices a ser artistas para liberarlos de la convención perceptual. Acechar es un arte. Y para un brujo, ya que no tiene intereses comerciales, la única importancia de una obra de arte es que puede ser lograda. (ECS)
El arte del acecho es el enigma del corazón; el desconcierto que sienten los brujos al descubrir dos cosas: una, que el mundo parece ser inalterablemente objetivo y real debido a ciertas peculiaridades de nuestra percepción; y la otra, que si se ponen en juego diferentes peculiaridades de nuestra percepción, ese mundo que parece ser inalterablemente objetivo y real, cambia. (ECS)
El acecho, dando por hecho en principio que se trata de una genuina estrategia enseñada por los nuevos videntes, introduciría, en la espiritualidad actual, una posibilidad inaudita y revolucionaria, de enormes implicaciones liberadoras: la lucha clandestina contra la sociedad. El acecho daría un vuelco a todos los tópicos de la moral religiosa estándar, y en especial al inviolable baluarte del Evangelio de Juan, que hacían del místico un vulnerable corderito, siempre en medio del camino, siempre dispuesto a presentar "la otra mejilla".
2. disciplina: reunir toda la información posible acerca del pinche tirano que te oprime.
3. refrenamiento: retener con el espíritu algo que el guerrero sabe que en justicia debe cumplirse.
4. habilidad de escoger el momento oportuno: ésta es la "compuerta del dique".
5. intento: que se deja para la última confrontación, ya que el intento pertenece a la esfera de lo desconocido.
El pinche tirano es el elemento externo, imponderable, quizás el más importante. El pinche tirano es un torturador; alguien que tiene el poder de acabar con los guerreros, o simplemente de hacerles la vida imposible. (EFI)
Los siete principios del arte del acecho son:
1. Los guerreros eligen su campo de batalla.
2. Eliminar todo lo innecesario.
3. Estar dispuesto y listo para entrar en la "última batalla", al momento y en cualquier lugar.
4. Un momento de descanso, de abandono.
5. Un retiro momentáneo: ocuparse de cualquier otra cosa.
6. Comprimir el tiempo, no desperdiciar ni un instante.
7. Un acechador jamás deja ver su juego, jamás se pone al frente de nada. (EDA)
Los guerreros aplican los siete principios del acecho para cualquier cosa que hacen. De esta forma consiguen tres resultados capitales: aprender a no tomarse en serio, a tener una paciencia sin fin, y a improvisar infinitamente. (EDA)
Un acechador no se coloca nunca en primera fila. Está siempre observando desde detrás de la escena. (EDA)
Los acechadores son innatamente distintos a los ensoñadores en la manera como utilizan el mundo. (EDA)
En la brujería, el acecho es el principio de todo. Primero hay que aprender a acechar, luego a intentar, y solo entonces pueden mover los brujos su punto de encaje a voluntad. Acecho e intento son el orgullo, lo mejor de los brujos de todas las épocas. (ECS)
Las cuatro disposiciones del acecho son: ser despiadado, astuto, paciente y simpático. (ECS)
Ser despiadado, astuto, paciente y simpático es la quintaesencia del acecho. Son los cuatro fundamentos básicos que, con todas sus ramificaciones, son inculcados a los brujos de un modo muy meticuloso y cauto. (ECS)
El principio primerísimo del acecho es que un guerrero se acecha a sí mismo, y lo hace despiadadamente, con astucia, paciencia y simpatía. (ECS)
Un acechador impecable lo convierte todo en presa. (SAP)
Has de acechar tus propias debilidades: descifrar tus costumbres hasta conocer todas las consecuencias de tu debilidad, para abalanzarte entonces sobre ellas y cogerlas como a conejos en una jaula. (SAP)
Lo importante para ser un acechador impecable es tener un propósito; y ese propósito es entrar en el otro mundo. (SAP)
Los nuevos videntes decidieron que había que enseñar al nagual (no a los aprendices) los principios del acecho en conciencia acrecentada, para que supiera actuar luego con rapidez, sin el estorbo de la razón. (EFI)
Las prácticas del acecho no son algo que uno pueda disfrutar abiertamente; son en verdad prácticas censurables, hasta ofensivas. Los nuevos videntes se dieron cuenta muy rápido de que no es recomendable discutir o practicar los principios del acecho en la conciencia normal. (EFI)
Con el tiempo, los nuevos videntes comprobaron que el acecho no era tan conveniente, pues era muy difícil encontrar pinches tiranos; y aunque los hallaran, el movimiento del punto de encaje era mínimo. (EFI)
El método de enseñanza de los acechadores no fomenta la comprensión sino la visión total: no entiendes lo que haces, pero te das perfecta cuenta de lo que estás haciendo. (EFI)
El arte del acecho es aprender todas las singularidades de tu disfraz. Y aprenderlas tan bien que nadie pueda descubrir que estás disfrazado. (ECS)
El nagual Julián creía que las mujeres eran acechadoras innatas. Y, convencido de ello, sostenía que solo en ropas de mujer podía un hombre aprender el arte del acecho. (ECS)
Los brujos, como acechadores que son, comprenden a la perfección la conducta humana. (ECS)
Los acechadores le dan mucha importancia a las palabras y su sonido. Las utilizan para llamar al espíritu (de forma velada). (ECS)
Los disfraces crean apariencias que la vista nota consciente o inconscientemente. Por tanto, los acechadores crean la apariencia intentándola. En vez de basarse en los disfraces, las apariencias se solicitan al espíritu o se las llama a la fuerza, pero nunca se las inventa racionalmente. (ECS)
El nagual enseñó a los aprendices a ser artistas para liberarlos de la convención perceptual. Acechar es un arte. Y para un brujo, ya que no tiene intereses comerciales, la única importancia de una obra de arte es que puede ser lograda. (ECS)
El arte del acecho es el enigma del corazón; el desconcierto que sienten los brujos al descubrir dos cosas: una, que el mundo parece ser inalterablemente objetivo y real debido a ciertas peculiaridades de nuestra percepción; y la otra, que si se ponen en juego diferentes peculiaridades de nuestra percepción, ese mundo que parece ser inalterablemente objetivo y real, cambia. (ECS)
El acecho, dando por hecho en principio que se trata de una genuina estrategia enseñada por los nuevos videntes, introduciría, en la espiritualidad actual, una posibilidad inaudita y revolucionaria, de enormes implicaciones liberadoras: la lucha clandestina contra la sociedad. El acecho daría un vuelco a todos los tópicos de la moral religiosa estándar, y en especial al inviolable baluarte del Evangelio de Juan, que hacían del místico un vulnerable corderito, siempre en medio del camino, siempre dispuesto a presentar "la otra mejilla".
Los toltecas, muy al contrario, llevarían el “ora et labora” a sus últimas consecuencias, y enseñarían a sus aprendices a defenderse, de manera técnica, despiadada y entretenida, de manera artística, de la soterrada y destructiva envidia de los profanos, del esclavizante desatino del hacer social. Un guerrero se mete de lleno en el mundo precisamente para vencer a su adversario sin llamar la atención, sin perder el control, sin arriesgarse a las desventajas de la ignorancia, la sinceridad o la bondad innecesarias. El acecho convierte al guerrero en un verdadero ser-en-el-mundo, un refinado actor de teatro, un experto conocedor de la psicología y el orden social. No es en el "más allá" donde se libra la más feroz batalla, sino en el mundo del tonal, contra nuestro ego, nuestros semejantes, nuestros vecinos, nuestros parientes.
No hay límites para el esfuerzo que el guerrero debe hacer para salvaguardar su intimidad, su independencia y su energía del vampirismo inherente en las interrelaciones cotidianas. Así planteado, pues, realmente es una nueva ética. O, al menos, una aplicación práctica muy consecuente con las premisas del camino del guerrero. El arte de la guerra sigue siendo el arte del engaño, pero es que un verdadero místico tiene el deber de ser sensato en un universo hostil, de no sacrificar su vida o su integridad por ningún ideal o circunstancia.
La esencia del mensaje es: el místico, el vidente, el guerrero actual tiene licencia para defenderse y montarse la película que haga falta antes que ponerse al alcance de los que solapada pero realmente buscan destruirle. Nunca debe sacrificar su Poder. Debe ser inaccesible y no entregarse a nada ni a nadie. Crear una niebla a su alrededor con su comportamiento, y hacerlo además de manera artística, con un celo y una estrategia teatral impecables.
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