Tampoco hablan de que la civilización del Anáhuac fue la primera que tuvo un sistema de educación en el mundo. En efecto, desde probablemente el año 1500 a.C. todos los niños del Anáhuac tenían que ir a la escuela de siete a 18 años, y que esta educación era obligatoria, pública y gratuita, misma que los colonizadores inmediatamente desaparecieron, destruyendo las escuelas, quemando los códices y asesinado a los maestros. Europa tuvo el primer sistema público de educación en Italia hasta 1596 d.C.
No mencionan que en el Anáhuac no se inventaron armas. Las mismas que recibimos de la prehistoria, después de más de siete milenios, con esas mismas enfrentamos la invasión. Si bien la cultura mexica fue guerrera, ésta solo imperó en el Altiplano Central y parte de la costa del Golfo 81 años, es decir, de 1440 a 1521. Los colonizadores pretenden hacernos creer que “la historia de los mexicas” (1325 a 1521) representa la historia de la civilización del Anáhuac (6000 a.C. a 1521 d.C.). Totalmente falso y doloso.
Los apologistas de la “hispanidad colonizadora” no argumentan que en el Anáhuac no se desarrolló la moneda para impedir la expansión del comercio, la explotación y el atesoramiento. Tampoco se permitió la “propiedad privada”, todo era comunal y comunitario.
Pero lo fundamental, el propósito social era eminentemente de carácter espiritual. En efecto, así como en la cultura occidental dominante actual, el propósito social, familiar, personal y del Estado es generar la riqueza material, entiéndase acelerar el consumo y la economía, en el Anáhuac estaba sustentado en la trascendencia espiritual del mundo material.
En síntesis, no era una civilización basada en la guerra, la propiedad privada, el comercio, el consumo. La prueba irrefutable es que los vestigios de sus magnas construcciones como Teotihuacán, Monte Albán, Chichen Itzá, Palenque y Xochicalco, por citar solo algunas, no fueron construidas como fortalezas, palacios o zonas habitacionales.
Sus grandes y majestuosas construcciones, como en el caso de Monte Albán, en las que invirtieron 1350 años en su proceso constructivo nos demuestran que existió “un propósito comunitario compartido a través de muchas generaciones” y que tuvo un objetivo-propósito muy elevado que no caducó o pasó de moda.
Lo cierto es que todo este esplendor civilizatorio que llevó a los más elevados niveles “el desarrollo humano”, tuvo un colapso generalizado desde Nicaragua hasta el Norte de los E.U. Una acción concertada en al que los venerables maestros abandonar y destruyeron de súbito estas maravillosas construcciones. Dejando dicho en la mitología anahuaca que regresarían a restaurar la sabiduría y el equilibrio en el año “uno caña” que se repite cada 52 años.
A partir del año 850 empezó la decadencia religiosa y filosófica en el Anáhuac. Se crearon los Señoríos, empezó a desarrollarse las rivalidades, las envidas y por supuesto los conflictos y guerras. La llegada del Norte de los mexicas como chichimecas (barbaros), el “pueblo sin rostro”, la fundación de Tenochtitlán en 1325 y la trasgresión filosófica y religiosa de la milenaria sabiduría tolteca conocida como Toltecáyotl marcó el último periodo cultural del Anáhuac, pero ni fue el más importante ni el más largo.
Finalmente quiero decir que sería una verdadera tontería suponer que en el Anáhuac y en su longeva civilización “la perfección humana se logró”. La esencia de lo humano es justamente su imperfección. Sí fuéramos perfectos no seríamos seres humanos, acaso ángeles o seres celestiales. La sabiduría y la virtud es justamente darse cuenta de esa imperfección y trabajar en consecuencia para mejorar, sabiendo que la perfección en inalcanzable.
En el Cem Anáhuac existieron y siguen existiendo individuos y grupos humanos de poco desarrollo y limitada consciencia. Aún en los mismos días del esplendor existían pueblos primitivos o básicos, poco evolucionados que eran belicosos y guerreros. Así como hoy en el país más rico y capitalista del mundo existen 30 millones de pobres. Por fortuna la condición humana es diversa y la pluralidad desbordante, esa es una de las “maravillas de lo humano”.
Pero si se puede generalizar y se debe generalizar cuando se construye los fundamentos de una Identidad Cultural y una “memoria histórica” de una nación. Así como occidente sustenta sus “mitos civilizatorios” en las bondades y virtudes de la cultura grecolatina, sabiendo que los griegos eran un puñado de pueblos esclavistas, guerreros y desunidos, en permanentes guerras fratricidas, y que los romanos eran una sociedad imperialista, explotadora que llegó a bochornosos niveles de degradación moral, ética y política. Occidente fundamenta su modelo civilizador en los mejores logros de estas culturas. Esto es válido y todo mundo está de acuerdo.
De la misma manera, los que nos pensamos como los hijos de los hijos de los pueblos originarios, los que nos sentimos legítimos herederos de la sabiduría humana atesorada, sistematizada y trasmitida a lo largo de ocho milenios hasta nuestros días, no importando si hablamos una lengua originaria o vivimos en las montañas o desiertos o en una ciudad, los que hemos activado el “banco genético de información cultural” que se nos ha legado y que es nuestra mayor herencia cultural, sentimos el orgullo de ser parte de esta civilización vigente, vibrante y vital, que no ha muerto. Nosotros nos sentimos orgullosos del Anáhuac y de la Toltecáyotl, como otros pueblos se sienten orgullosos de India y el hinduismo o de China y el taoísmo o confusionismo. Ni más ni menos
Los que creemos que existen otras formas de relacionarnos entre los seres humanos, la naturaleza y el cosmos. Que los seres humanos durante estos diez mil años de “civilización humana” no solo hemos estado pensando en atesorar, explotar, comerciar, sojuzgar, guerrear, dominar y explotar a la naturaleza. Que han existido muchas civilizaciones, culturas y pueblos que han buscado fines humanistas y espirituales, sustentados en el respeto, el equilibrio y la equidad
Los que estamos indignados por los cotidianos excesos e injusticias sobre los pueblos del “México-profundo-anahuaca” a manos del “México-imaginario-criollo”, y el desvergonzado cinismo y abuso de un puñado de corruptos en el poder político y económico que han des-gobernado y destrozado “su patria” desde 1821, excluyendo a la gran masa popular en la toma de decisiones y en el reparto de la riqueza.
Los que pensamos que el futuro de nuestro pueblo justamente está en el conocimiento y práctica de los valores y principios ancestrales que guiaron a nuestros venerables antepasados en los momentos más elevados y virtuosos de su desarrollo humano.
Los que creemos que la Toltecáyotl es una valiosa herencia que puede cambiar, para bien, nuestro destino como personas, familias, pueblos y nación. Por estas razones dedico mi trabajo a investigar, promover y difundir la civilización del Anáhuac y su filosofía, la Toltecáyotl. Desde esta perspectiva, su exaltación es una necesidad emergente e impostergable.
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