miércoles, 30 de enero de 2013

TOLTEQUIDAD - TOLTECAYOTL 12

LA SUPERVIVENCIA DEL NAGUAL
Nahualli o Nagual es, pues, una entidad natural, pero artificialmente desarrollada, moradora de los espacios de nuestro sueño y nuestra subconciencia en general (y por eso apodada Tepeyollotl, corazón del monte), capaz en un momento dado (el sueño o la muerte) de asumir la identidad del individuo. Este es el concepto prehispánico equivalente a la creencia cristiana en la resurrección del alma o a la creencia hindú en la reencarnación. Naturalmente, los cronistas españoles que oyeron hablar de estas cosas, consideraron al nagual como un demonio.
He aquí como los describe Fray Andrés de Olmos, cronista español del siglo XVI:
“El Diablo hizo los ex-sacramentos de los naguales con cosas que no se pueden reconocer, malas de comer. Acaso con algunas cosas que se agitan alrededor, bestias fieras, pájaros difíciles de identificar, que no son corrientes. Muy peligrosa es su palabra, doble, oscura.”
Aunque tal interpretación es exagerada e inexacta, producto de la cerrazón propia de un hombre del siglo XVI, es cierto que una operación transmutativa tan fuerte como aquella que permite a la persona trascender los límites de la vida y la muerte, constituye un acto supremo de rebeldía, y sólo se puede acometer con ánimo heroico y una implacable decisión de triunfar.

FUNCIÓN DEL NAGUAL EN LA SOCIEDAD PREHISPÁNICA

Los primeros naguales eran chamanes u hombres de conocimiento que emigraban con su pueblo de valle en valle. Su función era encontrar, a través de la visión y el sueño, nuevos sitios donde hubiera mejores condiciones de vida. Cuando el ser humano aprendió a cultivar la tierra y se hizo sedentario, los naguales también lo hicieron, convirtiéndose en curanderos, sacerdotes, eruditos, e incluso en guías políticos. La función del nagual en Mesoamérica podemos descifrarla a través de los muchos significados que atribuyeron a esta palabra o a su raíz. Por ejemplo:
Nahua, entendimiento.
Nahualli, aquel que profundiza o penetra en las cosas, espía.
Nahuatilli, legislar, investigar, conocer.
Nahuatl, comprensible, nombre propio de la lengua.
Incluso, la voz dio nombre a los mensajeros de la Serpiente Emplumada, colectivamente llamados Nahualpilli, príncipes hechiceros.

DEFINICIONES PREHISPÁNICAS DEL NAGUAL

Estas son algunas de las formas de mencionar al nahualli o nagual tanto por los toltecas como por los cronistas europeos. Observando los comentarios, de inmediato se nota que tiene características muy particulares, denotando que son algo muy diferente…
“Este género de brujos nahualles son diferentes de las brujas de España. He oído muchos casos exquisitos y fuera de lo que se sabe de otras naciones y gentes acostumbradas a tener pacto con el demonio.”

“Yohualli ehecatl nahualli totecuyo - Nuestro señor es viento y tinieblas, es el nagual.”

“El nahualli es sabio, sabe hablar, tiene en su interior un depósito (de energía), no forma parte de la unidad (humana), no hay quien lo burle ni lo sobrepase.”

 “El buen nahualli tiene un corazón en su interior, es vigilante, atento, auxiliador, a nadie perjudica.”

 “Sabéis las cosas por venir... y sabéis todo cuanto pasa en el mundo. Os es patente lo que está dentro de los cerros y en el centro de la tierra. Veis lo que está debajo del agua, en las cavernas, en los agujeros y en las fuentes. Os llamáis ‘hijos de la noche’.”

Después de milenios de estar entre nosotros, se puede describir a un nagual como aquella mujer u hombre imbuidos de una altísima energía, con una estabilidad emocional extraordinaria que le permite ser sensato, paciente, sereno y equilibrado.
Su misión es guiarnos por los vericuetos del aprendizaje y el darse cuenta del tremendo potencial que tenemos y que somos.
Los toltecas, al paso de los siglos, estudiaron a fondo la interrelación entre la energía y la naturaleza de las cosas. Especialmente les interesó la condición humana y descubrir cuáles potencialidades tenemos.

Poco a poco y con tremendos esfuerzos, que llevaron generaciones enteras de estos intrépidos exploradores de lo eterno, llegaron a la conclusión…mejor dicho pudieron “ver” que en realidad un ser humano es un conglomerado de campos de energía agrupados en una especie de esfera que rodea y a la vez, permea, lo que conocemos como cuerpo físico.
Se sabe que en otras culturas, sus sabios llegaron a las mismas conclusiones –el ser humano es el mismo en todos lados- pero no llegaron tan lejos como los naguales toltecas. Éstos se aventuraron con tanta valentía en el estudio y especialmente, experimentación, de dilucidar aquellos campos energéticos no sólo presentes en ellos mismos, sino en todos los seres animados del planeta, que lograron cosas impensables para nosotros, limitados y “civilizados” hombres del tercer milenio.

Como era de esperarse, muchos sucumbieron al choque entre las dos civilizaciones que se encontraron en el siglo XV, pero también no pocos sobrevivieron y permanecieron ocultos en la nueva sociedad que se formó con la llegada y asentamiento de los europeos. Supieron mantener clandestinamente la sabiduría y hasta el día de hoy permanecen entre nosotros con una maestría tal en su anonimato que jamás podríamos imaginarnos quién es realmente un nagual.

Por supuesto que no podían faltar -¡oh, naturaleza humana!- aquellos que anuncian con bombos y platillos su “nagualería” pero que no son auténticos. Son advenedizos quién sabe con qué oscuras intenciones. 
Es muy sencillo desenmascarar a uno de estos charlatanes: en caso de que al amable lector se le “apareciera” alguno simplemente pídale que le demuestre el sello fundamental que caracteriza a un nagual: el arte del sueño tolteca o sueño consciente. Los naguales verdaderos dominan a la perfección este arte y transitan de este lado de la realidad al otro –el sueño- con verdadera maestría, producto de milenios de estudio, investigación y experimentación. No tiene pierde el lector: el supuesto “nagual” tendrá que aparecérsele en sueños, darle algún mensaje, y después, en la vigilia, verificarlo ambos.
Es el más perfecto filtro que utilizan los toltecas modernos y es infalible. Si no lo hace, lamento decirle, amable lector, que se ha encontrado con un embustero y no pierda su tiempo en esa persona.

¿CÓMO DISTINGUIR A UN NAGUAL? 

En un mundo donde la muerte es el cazador, nada importa más que nada.  Todos nos involucramos en tareas cotidianas, como si nuestra supervivencia dependiera de ello. Pero todos sabemos que, hagamos lo que hagamos en el mundo del tonal, no cambiamos un ápice la certidumbre de nuestro destino. Por eso, los seres humanos buscamos fuera una luz que nos guíe hacia la trascendencia. Esa guía puede ser un libro sagrado, un profeta, “maestro ascendido” o gurú. Recientemente, gracias a la difusión que hizo Carlos Castaneda (**) de los conceptos prehispánicos, muchas personas consideran que  el verdadero guía es el nagual. El prestigio que posee el título de nagual ha hecho que ciertos individuos, buscando la proyección de su propio ego, se proclamen “naguales”. Así, tenemos en la actualidad decenas de “maestros” de sello prehispánico, predicando todo tipo de doctrinas. Unos niegan el ensueño, otros lo consideran el ejercicio máximo. Unos se revisten de plumas, otros declaran que el pasado está muerto.

Esta situación impone una pregunta: ¿qué es un nagual? Las definiciones folklóricas y antropológicas no nos sirven, porque todas pertenecen al mundo del tonal. Nosotros queremos una definición que nos permita distinguir lo auténtico de lo falso, en esta avalancha de mercaderes del espíritu.
¿Cómo podemos transformarnos en naguales? Lo primero que tenemos que hacer es tomar conciencia de nuestro “doble” luminoso, y a partir de la manipulación de este excedente de energía, aprender a manejar las reglas de la otra conciencia u otra realidad. Generalmente, consideramos que algunos individuos excepcionales nacen con dicho doblez energético, mientras que los demás tenemos que conformarnos con la mitad de eso. Sin embargo, Castaneda afirma: “el doble es un sueño”; en otras palabras, el  nagual es el doble del sueño consciente tolteca. De ahí que, en otro de sus libros, asegure: “el ensueño es el logro máximo de un nagual”. Mucha gente cree que el ensueño es un asunto teórico, alejado de nuestra vida práctica. Eso se debe a que no han aprendido a ensoñar.

Cuando dominamos el arte tolteca del sueño consciente, comprendemos que no hay otra tarea más digna ni más práctica en la vida de un guerrero, porque, como dijo Castaneda, “el ensueño es un asunto muy serio, es el proceso de despertar…  Ensoñar es real, es una condición que genera energía… es el arte de templar el cuerpo energético, la puerta a la luz y la oscuridad del Universo”.
De manera que el nagual, hablando llanamente, es el doble energético  activado a través del ensueño. Olvidemos las definiciones del tonal, según las cuales ciertas personas son naguales y otras no. Olvidemos las categorías, las clasificaciones, las orientaciones y todo ese bagaje simbólico que tanto agrada al ego. El nagual vive en la segunda atención y sólo allí podemos entenderlo. En términos de Castaneda, “el nagual es efecto, y por causa de su efecto, sólo se puede entender en términos de poder”.
El ensueño se define de una manera técnica como “el movimiento controlado el punto de encaje de la percepción”. Cuando ese movimiento se fija en forma deliberada, el resultado es el acecho: la alineación de un mundo perceptual completo. De manera que el ensueño viene primero y el acecho después. Son causa y efecto, y no hay manera de desligarlos. Cuando un nagual toma la materia prima del ensueño y la transforma en el producto refinado del acecho, ha completado el círculo del poder y descubre que lo que separa la vigilia del sueño, la vida de la muerte, la luz de la oscuridad y el nagual del tonal, es una mera sugestión mental. Una persona en posesión de tal secreto ha trascendido la muerte."

Debo aclarar algunos términos del interesante texto previo. Cuando se habla del “punto de encaje de la percepción” se refiere a un punto exacto de nuestra esfera luminosa en el cual se concentra la percepción de lo que nos hace humanos. Esto significa que lo que conocemos como humanidad, Tierra, Universo y todo lo que nos rodea es simplemente la suma de las percepciones captadas, concentradas y decodificadas en este sitio en particular. Cuando ensoñamos, éste se “mueve” con libertad y al cambiar de “posición” agrupa otras percepciones –que son de número infinito- y “entramos” en otras realidades y otros universos.

La “segunda atención” es el nagual o reino onírico, ensueño, a la cual accesamos cada vez que nos “dormimos”. Por ende, la “primera” es precisamente ésta, la conciencia de todos los días. Cuando menciona el “acechar” se refiere al logro de fijar o anclar conscientemente el errático movimiento del punto de encaje en una realidad dada. Los naguales son artistas en este sentido, pero está al alcance de cualquier tolteca que se proponga hacerlo.

Por último, estos términos fueron puestos en boga por un neotolteca llamado Carlos Castaneda, que en la década de los 60´s vino a revolucionar la conciencia de la humanidad al revelar en su extensa obra -12 libros- la antiquísima propuesta filosofico-pragmática tolteca que le transmitió su maestro Juan Matus.

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